El verdadero yo del doctor merengue

Los hombres deberían ser lo que parecen

William Shakespeare

Los oprimidos del mundo sentimos leve fresquito cuando un negro llegó a la Casa Blanca. Independientemente de las expectativas que cada quien se formulara, si se las formulaba, era reconfortante saber que en la meca del esclavitud un afrodescendiente llegaba para representar (tal vez, ostentar) el poder.

En las sociedades de consumo el voto sirve más para premiar la mejor publicidad que para apoyar un proyecto de país y aspectos como la raza, el género, e incluso la proveniencia de clase pueden resultar armas publicitarias muy efectivas desde el punto de vista electoral.

Con su ensayada sonrisa ha consumado las políticas belicistas trazadas por Bush: ‘El presidente Obama hace una cosa y la marca Obama te hace creer otra. Es la esencia de la publicidad exitosa’(1). Sin embargo, la política es una ciencia exacta: te define la clase  que defiendes. Obama no llegó a amparar a los negros, a los oprimidos, a los pobres del mundo. Llegó a defender los intereses de un imperio al borde de la extremaunción.

Publicidad ¿engañosa?

Obama no es producto del azar, ni llegó a la presidencia a través de un Talk Show. Él tiene un pasado político que lo delata. Durante su breve período como Senador votó a favor de continuar con las invasiones en Irak y Afganistán, votó a favor del Patriot Act (el instrumento legal inventado luego del 11 S que viola los derechos y las garantías de los ciudadanos del mundo so pretexto de garantizar la seguridad nacional), se negó a apoyar la ley para beneficios sanitarios pagados por el estado (aunque ahora se jacte de la reforma sanitaria) y apoyó la pena de muerte.

La disputa por la Casa Blanca se efectuó en un contexto difícil para la sociedad norteamericana: se hacían evidentes los primeros síntomas de la crisis financiera. Los demócratas supieron convencer a los estadounidenses de apostar su voto a un acto de fe: ‘Yes, we can’.

Las promesas se diluyeron pronto. En la administración Obama son cada vez más evidentes las contradicciones: por un lado, galopa el desempleo a sus anchas, se pierden millones de seguros médicos, disminuye la calidad de vida del estadounidense y aumenta la pobreza a niveles insospechados. Por otra parte, Obama otorga enormes subsidios para salvaguardar el patrimonio de los grupos de poder  e incrementa el presupuesto militar para ir muy lejos de su país a asesinar inocentes.

Un Premio Nóbel de la Paz con múltiples frentes de Guerra

De aquel candidato que juraba el cierre de Guantánamo queda sólo el recuerdo. El Presidente y Premio Nóbel de la paz, se ha esforzado en justificar la tortura, restableció las comisiones militares, dejó intacto el listado de prisioneros políticos, los cuales son sometidos a tratamientos inhumanos y arbitrariedades jurídicas.

Bajo la piel de cordero, se esconde el lobo. Obama ha sabido combinar una retórica benévola con movimientos geopolíticos agresivos: se ensañó contra Afganistán y duplicó el número de soldados en el país; expandió la guerra hasta Pakistán, donde a diario las fuerzas estadounidenses realizan operaciones en las que mueren cientos de civiles; amenaza con invadir Somalia y, pese a lo dicho por micrófonos, no interviene con políticas contundentes en el tema de las colonias judías en Palestina.

Obama miente cuando dice que las tropas norteamericanas salieron de Irak: el General George Casey afirma que EEUU permanecerá en Irak una década más. Otros generales dicen que 15 años. Los horrores de esa guerra no sólo se traducen en víctimas mortales, heridos y malformaciones congénitas. La ocupación yanki ha destrozado toda una civilización.

Obama tiene un prontuario de mentiras explosivas. La de mayor peligrosidad es la relativa a los planes nucleares del imperio norteamericano. Durante la actual gestión, se ha incrementado la producción de armas nucleares  Según la cadena comunitaria de radio y televisión Democracy Now, el proyecto fue lanzado por el ex mandatario George W. Bush y fue bautizado como ‘Complex Modernization’ (Modernización Compleja). La iniciativa expandiría dos emplazamientos nucleares ya existentes para producir nuevos componentes de bombas.

Obama no cerrará nuestras venas

El escenario en América Latina es complejo. EEUU ha desatado una guerra sin cuartel contra los gobiernos progresistas de la región: mantiene el bloqueo a Cuba, prosigue con la IV flota amenazando el Caribe; acusa a los gobiernos de Venezuela y Bolivia de favorecer el narcotráfico; sembró sospechas y rumores sobre los presidentes Correa (Ecuador) y Colom (Guatemala); apoya el golpe de estado en Honduras a través del respaldo militar que se ha dado desde la Base de Palmerola a los golpistas y con el saboteo político que prolonga a Micheletti en el poder.

Como parte de la diplomacia agreste contra las naciones suramericanas, para el día de hoy, viernes, está previsto que se suscriba el pacto militar entre EEUU y Colombia. El acuerdo implica la instalación de siete bases militares en territorio neogranadino. También se ha anunciado un par de bases similares en Panamá. El objetivo de militarizar la región es frenar el avance de los movimientos sociales. La estrategia se encauza en tres direcciones: una, amenazar a Venezuela y Ecuador; la segunda, contener posibles estallidos sociales cuando la crisis alcance su cumbre; y por último, rodear la Amazonía.

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