Haití en el ala del Colibrí

Apaga la radio, compañera

Cuenta la viuda de Alí Primera que una tarde el cantor llegó a su casa llorando, desconsolado. Pasó rato sin poder articular palabra. Vuelta a la calma, explicó a su mujer que le estaban ‘matando los carajitos en Haití’; los mataba el hambre, los mataba la explotación, los mataba el capitalismo. Ella, con intención de consuelo lo invitó a no preocuparse por aquellos que tan lejos estaban… De allí el verso, luego la canción: ‘No preguntes cuántas veces por segundo mueve las alas el colibrí, pregúntate qué estamos haciendo por Haití’

Vivir en el ala del colibrí

Los haitianos viven convulsionados, como si su tierra fuera el ala de un colibrí. Desde la invasión española, su historia ha estado marcada por relaciones de coloniaje y esclavitud. Con la llegada de Colón, las enfermedades, hambrunas, represiones brutales y masacres diezmaron la población originaria de la isla. Luego España partió en dos la isla, cediendo a Francia el territorio que hoy corresponde a Haití.

Haití proclamó su independencia el 1 de enero de 1804, siendo el primer país de América Latina en acceder a ella.  La Revolución Independentista haitiana marcó para siempre la historia universal: fue la primera vez que un pueblo esclavizado se rebeló y emancipó. La abolición de la esclavitud en Haití fue determinante para la supresión del comercio transatlántico de personas. No obstante, la recién nacida república no pudo evitar asfixiantes nexos de dependencia con Europa y EEUU.

Siniestra Vecindad

En 1915,  Estados Unidos  invadió militarmente a Haití, so pretexto de cobrar los adeudos del empobrecido territorio caribeño con el City Bank. La salida de las fuerzas extranjeras no se produciría hasta 1934. Para entonces, Washington ya había consolidado una estructura política viciada.

Haití vivió entre 1957 y l986 bajo los sucesivos regímenes de Francoise Duvalié, y de su hijo y sucesor Jean Claude Duvalié, éste último promotor de los llamados Tonton Macoutes, grupos de exterminio responsables de la muerte de unas 150 mil personas.

La inestabilidad y la injerencia han sido constantes en el escenario político haitiano. Los saboteos y golpes de los que fue víctima el gobierno de Aristide son muestra fehaciente de la intervención yanki en Haití: EEUU restituyó al primer presidente electo por sufragio, Jean –Bertrand Aristide tras su derrocamiento en 1991 por el golpe de estado del general Raoul Cédras, que recibió el apoyo directo de la USAID.  En su segunda presidencia (2001 a 2004) Aristide dio un giro hacia la izquierda. Washington le gestionó un trágico final: fue secuestrado, exilado y derrocado con la difusión de una falsa renuncia.  Venezolanos y hondureños: ¿os suena familiar?

La Presidencia la asume Bonafice Alexandre, que solicitó ante la ONU la intervención de una Fuerza Multinacional Provisional integrada en un primer momento por efectivos de Estados Unidos, Francia, Canadá y Chile. Aún continúan metidos en Haití, liderados por soldados brasileños.

René Préval ha sido presidente de Haití en dos ocasiones: desde el 7 de febrero de 1996 hasta 1 de febrero de 2001 y desde el 2006 al 2011. Es el único presidente haitiano que ha logrado culminar un mandato: no representa ningún obstáculo para el imperio norteamericano.

Primero el desastre, luego la noche

Esclava del infortunio, Haití es la nación más pobre de América Latina. Las cifras del PNUD así lo expresan: el ingreso promedio anual es de 560 dólares por persona. Se ubica en el puesto 146 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano, más de la mitad de la población vive con menos de 1 dólar por día y un 78% con menos de 2 dólares. Esto aunado a una alta tasa de mortalidad infantil (60 muertes por cada 1.000 nacimientos) y el 2,2% de quienes tienen entre 15 y 49 años es seropositivo.

El 12 de enero de 2010, a las 16:53:09 hora local, Haití se estremeció. Cayó la noche. Miles de personas atrapadas clamaban por socorro entre los escombros. Los que lograron escapar del sismo, trataban de imponer la sobrevivencia a la muerte.

[video: http://www.youtube.com/watch?v=DdyZBi01bkg%5D

El terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter fue 35 veces más potente que la bomba atómica arrojada por Estados Unidos sobre Hiroshima (Japón) al final de la II Guerra Mundial. Este terremoto ha sido el más fuerte registrado en la zona desde el acontecido en 1770.

Las consecuencias inmediatas son devastadoras: tres millones de personas se vieron afectadas directamente, lo que constituye un tercio de la población de Haití. Se calcula que hubo más de 170 mil muertos en el sismo, 250 mil heridos, de ellos al menos 100 mil son niños que padecen traumas abdominales, daños en la columna vertebral, ansiedad, asma, quemaduras y fracturas; al menos mil infantes tuvieron lesiones por aplastamiento.

La cantidad de amputaciones de miembros a damnificados de Haití tiene pocos precedentes y dejará secuelas terribles. Cada hospital ha practicado de 30 a 100 amputaciones diarias.

Tembló la tierra, Tembló la Patria

Orgullo de Bolívar: los venezolanos fueron los primeros en arribar a Puerto Príncipe con ayuda humanitaria. Orgullo de Martí: los médicos de la misión cubana en Haití iniciaron los curetajes a los heridos antes que se sintiera la primera réplica. El socialismo funciona así, solidario, combatiente… fraterno.

Los únicos insumos humanitarios que no han retenidos al llegar son los de la República Bolivariana de Venezuela, cuya distribución es ejecutada por venezolanos y colectivos sociales haitianos. En venganza, la embajada de la Patria Bolivariana fue progresivamente rodeada por marines y durante las noches, conviertiéndose en blanco de vuelos intimidatorios de helicópteros, cuyos pilotos toman la precaución de no encender las luces para no identificar a cuál fuerza aérea pertenece…

Contraste: Mientras se escuchaban gritos desesperados bajo los escombros, EEUU anunciaba el envío de un portaviones nuclear (¿para qué?) y tomaba el aeropuerto de Haití. Amparados en la tragedia iniciaron una invasión amistosa.

En una operación global, el imperio norteamericano centralizó absolutamente todos los controles de decisión en Haití, y se erigió (de hecho) en autoridad política y militar de toda la zona de catástrofe, con la sumisa aprobación del gobierno haitiano y de las organizaciones internacionales que actúan en el área.

Washington conspiró y actuó, expedito, para asaltar el mando ante el “vacío de poder” imperante tras la catástrofe sísmica que  devastó Haití.

A propósito, el País de España reseñó: “Washington adoptó e impuso unilateralmente las decisiones. La ausencia total de un gobierno en funciones en Haití se utilizó para legitimar, a partir de motivos humanitarios, el envío de una poderosa fuerza militar, que ha asumido de facto diversas funciones gubernamentales”.

El gobierno de Obama activó una trilogía maldita que se abocó a aprovechar la tragedia para la invasión. El DEPARTAMENTO DE ESTADO empezó a fiscalizar la operación a nivel internacional, enviando a la mismísima Hillary Clinton a Haití para legalizar la invasión obteniendo, por escrito y bajo ‘acuerdo’ con Préval, el control total del territorio. EL PENTÁGONO, se encargó de lo relativo a la ‘seguridad’, es decir, la ocupación militar de Haití con 20 mil marines y otros mercenarios civiles; y la USAID, engendro infernal que se dedicó a acaparar la ayuda, estrangular de hambre y de sed al pueblo haitiano para promover un estallido social que justificara el exagerado envío de tropas a la asolada nación.

Esta trilogía se puso (y lo está aún, y lo estará mientras la operación esté en curso) al servicio del ejecutor táctico en el teatro de operaciones: el Comando Sur (SOUTHCOM), con base en Miami, cuyo objetivo es: “Dirigir (en América Latina y el Caribe) operaciones militares y promover la cooperación en el terreno de la seguridad para conseguir los objetivos estratégicos de EEUU”. Esto nada tiene que ver con lo humanitario, esto es un movimiento militar de ocupación imperial.

En cuestión de horas, el portaaviones nuclear USS Carl Vinson, sus barcos, drones, submarinos y aviones,  rodearon a Haití dentro de un “anillo nuclear”, mientras  tropas especiales de asalto y de seguridad se desplegaban en Puerto Príncipe, para reprimir a los haitianos que llegaban al aeropuerto, suplicando agua, comida y trabajo.

Mientras la ONU y el Consejo de Seguridad, daban vueltas sobre su propio eje, y se confesaban incapaces de generar una estrategia de distribución de la ayuda humanitaria en Haití, EEUU recibía los cargamentos, los guardaba y gestaba una atmósfera de violencia incontrolable en las calles.

Otra arista estratégica de la toma del aeropuerto es enjaular a los haitianos en la tragedia, Los numerosos puentes aéreos que se han establecido para enviar la ayuda a Haití tienen un sólo sentido. El apoyo fluye hacia las manos yankis en Haití, pero a los haitianos no se les permite viajar en sentido contrario. Cientos de personas colman todas las mañanas la avenida central de Fontamará, al este de Puerto Príncipe, con la intención irse lejos, muy lejos, del epicentro del dolor.

Washington decide cuál ayuda humanitaria llega a Haití. Durante semanas aviones rusos y franceses han tratado de arribar con hospitales de campaña, medicinas y alimentos. No les han dado permiso de aterrizaje. Quien sí pudo ingresar, piloteando su avión personal, fue el actor de cine John Travolta.

Extraoficialmente se ha podido conocer que los pilotos venezolanos han sido sometidos a verdaderas pruebas de heroicidad por parte de los controladores aéreos yankis: sólo les dan permiso de aterrizaje en condiciones verdaderamente adversas. Los hijos de Bolívar se crecen ante las dificultades.

EEUU bajo estado de sospecha

Múltiples fuentes señalan presuntos indicios del uso de Técnicas de Modificación Ambiental, por parte de Estados Unidos, en el terremoto de Haití. Se alega desde el anormal comportamiento del sismo (las ondas que destruyeron las edificaciones llegaron en dirección vertical), hasta un informe de la Flota Rusa del Norte que “el sismo que ha devastado a Haití fue el claro resultado de una prueba de la Marina Estadounidense por medio de una de sus armas de terremotos”.

Despierta suspicacia el entrenamiento que ejecutaba el Comando Sur del ejército de los Estados Unidos días previos al terremoto. Los ejercicios militares consistían en simular una intervención urgente en Haití en el caso ‘hipotético’ que un huracán muy potente, arrasara la isla a su paso. Un día después del terremoto se empleó, sin pérdida de tiempo, el entrenamiento por considerar que se hallaban en un ‘estado desarrollado’ de situación de emergencia.

Por otra parte, y por advertencia de EEUU, la Flota Naval Británica fue retirada de las aguas circundantes de Haití justo unos días antes del devastador terremoto, siendo esta la primera interrupción de ese tipo de operaciones navales británicas en el Caribe desde el año de 1700.

Negar que el obrero es un poeta

El desafío de hoy es reconstruir Haití. Las ideas de los haitianos para refundar su propia tierra parecen ahogarse en las aguas del Caribe. Nadie los escucha. Nadie los visibiliza como constructores de su propio destino.

Por ahora las grandes agencias de noticias, colocan la cámara donde conviene al imperialismo. Un soldado norteamericano que carga una caja con ayuda humanitaria y la traslada de un lado a otro, se toma la foto y se lava la cara a la invasión.

Medio millón de haitianos serán acogidos en campamentos temporales fuera de Puerto Príncipe, donde pueden permanecer hasta diez años, mientras dure la reconstrucción de la capital. Otros, regresan al campo. Otros, al exilio. ‘No hace falta convencer a los sobrevivientes – de evacuar la ciudad-. Millones están buscando refugio del horror y la destrucción que agobia a la capital. La ciudad entera hiede a cadáveres en descomposición y el formaldehído, rociado para neutralizar el olor, le otorga el aura de una enorme sala funeraria.’

En Petion Ville, sólo se cayó un centro comercial, no obstante ha sido el centro de distribución de la ayuda humanitaria. A los barrios pobres casi no ha llegado, y cuando llega, las lanzan como si no se tratase de seres humanos. Jacmel, de 34 mil habitantes, fue arrasada entre 50 y 60 por ciento. No se tiene ni idea de las víctimas. Gressier, de 25 mil habitantes, quedó destruido entre 40 y 50 por ciento. Carrefour, conlindante con Puerto Príncipe, con 334 mil habitantes, está devastado entre 40 y 50 por ciento. En Leogane, de 134 mil habitantes,  la devastación es de 90%.

“Las calles se han convertido en nuestro hogar, de un modo similar a los perros callejeros que solíamos perseguir con palos y piedras”, dijo el haitiano Herold Joseph a IPS.

Apenas comienza la tragedia. Alrededor de dos millones de niños y adolescentes se encuentran en riesgo tras el devastador terremoto que sacudió el martes a Haití. Deambulan perdidos por las calles, alborotan los campamentos de refugiados, ríen y lloran a la vez, pasan hambre. La expatriación ilegal de niños se ha convertido en una práctica cotidiana; cerca de un centenar de infantes son trasladados a Europa y EEUU sin que se cumplan los requisitos de rigor y sin averiguar si sus padres están vivos, si tienen familiares que puedan cuidarlos o alguien de su comunidad. Se está fragmentando el futuro de la sociedad haitiana en nombre de la caridad.

El pueblo haitiano, no obstante, tiene un espíritu de lucha inquebrantable; quince días después del sismo, surgían personas vivas entre los escombros.

¿Qué si luchan, además de sobrevivir qué si luchan?
Claro que sí, pequeño amor, claro que sí
Los patriotas haitianos
andan con luces y colores en las manos
y andan florecidos
como la tierra regada por lloviznas y por cantos

Pero han luchado solos, compañera, solos
Aunque andan florecidos
como andan los hombres cuando andan luchando
Han luchado solos compañera
hasta que nuestra conciencia dispare
en la lucha por liberar a Haití
hasta que el mundo se alce en una sola voz
luminosa, solidaria
Y entre todos hagamos la mañana
que acabe para siempre
con la noche del jabalí

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