Crónicas del Caprimejoramigo: los huevos de Uribe

“En el campo, cuando una gallinita cubana, ‘quirique’, que llaman en la Costa Caribe, sale con unos polluelos, aconsejan los campesinos que mientras esos polluelos empluman bien, hay que mantenerlos protegidos contra cualquier aguacero; un sereno, una pertinaz llovizna, los mata. Nuestra Seguridad Democrática apenas está empollando: una pertinaz llovizna la mata. Por eso hay que protegerla. De ahí mi insistencia ante los colombianos que mejoremos el rumbo, pero que no cambiemos de rumbo”, repetía Uribe para convencer a los colombianos de votar por Juan Manuel Santos.
“Porque la seguridad ha mejorado pero es un polluelito (…) Y ustedes saben que un gallito chiquito, que apenas está asomando plumas, si se le descuida, si no lo tiene la mamá protegido, si la gallina no saca el ala para arroparlo cuando llueve, y le llueve, se apesta”, con semejante símil avícola, Uribe conmovía a sus simpatizantes… Pobre, pollito, decían, buena gallina os guarde.
Doña ‘Rumbo’, la famosa mamá gallina, empollaba tres huevitos: Seguridad Democrática, confianza inversionista y cohesión Social.
La seguridad democrática, publicitada con generosidad, se tradujo en la realidad en un modelo bélico, guerrerista y de exterminio de todo aquel que se identificara como adversario. La vulneración de los derechos humanos, durante la gestión de Uribe, alcanzó niveles inconfesables.
La desaparición de 19 jóvenes, en el municipio Soacha, desenterraron a miles de fallecidos asesinados por las Fuerzas Armadas colombianas que fueron mostrados como guerrilleros fallecidos en combate, el caso fue denominado como los “falsos positivos”.
Los cadáveres de los 19 jóvenes aparecieron en el departamento de Norte de Santander. Algunos de ellos habían muerto 24 horas después de su desaparición y otros dos o tres días más tarde. Fue entonces cuando la secretaria de gobierno de Bogotá Clara López Obregón dijo que este caso podría tratarse de “una desaparición forzada con fines de homicidio” y que no era lógico que los jóvenes se convirtieran en combatientes 1 día después de haber sido reclutados. Gustavo Petro también denunció que las recompensas monetarias por la “cabeza” de guerrilleros había desatado una ola de homicidios indiscriminados.
El 21 de febrero del año 2005 efectivos del Ejército Nacional De Colombia en complicidad con miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia efectuaron la Masacre de San José de Apartadó, en la que fueron asesinados tres niños y cinco adultos: “Los niños estaban debajo de la cama. La niña era muy simpática, de unos 5 ó 6 años y el peladito también era curiosito (…) Propusimos a los comandantes dejarlos en una casa vecina pero dijeron que eran una amenaza, que se volverían guerrilleros en el futuro (…) ‘Cobra’ tomó a la niña del cabello y le pasó el machete por la garganta”, así lo confesó el exparamilitar Jorge Luis Salgado. También relató como el padre de los niños suplicaba de rodillas que no los asesinaran, y contó que la niña creía que irían a un paseo.
El 7 de enero de 2009 un documento desclasificado de la CIA publicado por el National Security Archive reveló que los nexos entre las fuerzas militares y los grupos paramilitares eran conocidos por el gobierno de Estados Unidos desde el año 1994 y que los falsos positivos eran una práctica usual dentro del ejército.
Unos doscientos kilómetros al sur de Bogotá, en el pueblo la Macarena, se halló la fosa común más grande del continente. Al menos dos mil cadáveres fueron inhumados sin identificar.”Habría que trasladarse al Holocausto nazi o a la barbarie de Pol Pot en Camboya, para encontrar algo de esta dimensión”, reseñó el medio español Público.
Jairo Ramírez quien al momento del hallazgo se desempeñaba como secretario del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos en Colombia señaló “El comandante del Ejército nos dijo que eran guerrilleros dados de baja en combate, pero la gente de la región nos habla de multitud de líderes sociales, campesinos y defensores comunitarios que desaparecieron sin dejar rastro”.
La investigación indicó que al menos habían mil fosas comunes en la región. Los cuerpos fueron localizados por el testimonio ofrecido por rangos medios de paramilitares desmovilizados. John Jairo Rentería, alias Betún, confesó el asesinato y entierro de “al menos a 800 personas” en la finca Villa Sandra, en Puerto Asís, región del Putumayo. “Había que desmembrar a la gente. Todos en las Autodefensas tenían que aprender eso y muchas veces se hizo con gente viva”.

El 7 de agosto de 2010, desaparece en extrañas circunstancias Norma Irene Pérez, quien conformó la delegación que auditó la fosa común ubicada en localidad cercana a fuerte militar de La Macarena. Su cuerpo fue hallado en el propio municipio La Macarena, tiroteado y sin vida el día 13. La noticia fue desestimada por las grandes trasnacionales de la comunicación.

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