4F: el amor como motor en la construcción de la Patria Bolivariana

Hugo Chávez entre niños
Hugo Chávez entre niños

“¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español.!” Simón Bolívar, en el Monte Sacro, el 15 de agosto de 1805. Un siglo para la historia es un suspiro y difícilmente Bolívar imaginó que su espíritu indómito 187 años después impulsarían la rebelión cívico militar de la dignidad nacional.

“A nosotros nos tocó, juventud heroica del 4 de Febrero, la misión de ser relámpago, anunciando en el medio de la oscuridad, el nacimiento de una nueva era para los pueblos de América y del mundo” dice Chávez, con su voz inmortal, su voz que se conjuga en siempre.

Antes del 4 de febrero, la unión cívico militar era impensable. Cuando la oligarquía venezolana gobernaba este país los militares eran esclavos en armas al servicio de los sifrinos y de los gringos que se robaran nuestros recursos.

Los soldados venezolanos eran formados bajo la doctrina de la seguridad nacional, diseñada por los gringos para controlar el territorio de lo que ellos consideraban “el patio trasero”.

Entregada la patria de Bolívar a los yanquis, por nuestro suelo la única abundancia era la miseria y un 17 de diciembre de 1982, ante el Samán de Guere, Hugo Chávez juró no dar tranquilidad a su alma, ni descanso a su brazo, hasta no ver rotas las cadenas que oprimían al pueblo por voluntad de los poderosos. Terminó al grito de ¡Elección Popular, tierras y hombres libres, horror a la Oligarquía!.

Y grito de horror era cierto. El neoliberalismo había conducido a más del 70% de la población a la pobreza. 60% de la población vivía en zonas de alto riesgo. Centenas de niñas y niños vivían abandonados a su suerte en las calles, mitigando el hambre con vapores de pegamento. Las familias comían, con suerte, una vez al día. El 25% de los fallecimientos en niños menores de 4 años, era por desnutrición y diarrea.

10 años pasaron en la clandestinidad hasta que un 4 de febrero, un grupo de jóvenes soldados, de jóvenes civiles, se alzaron contra la oligarquía que exterminaba al pueblo, que nos mataba de hambre. Lo abandonaron todo por la Patria. Lo abandonaron todo por amor a nosotros. Y entonces, aquel Teniente Coronel, un muchachito apenas, nos dijo: por ahora, y nos amamos para siempre

La consecuencia de Chávez con su palabra, su lealtad infinita con el pueblo venezolano, el amor como motor en la construcción de la Patria Bolivariana, hace que hoy, nosotros, tus hijos asumamos el compromiso de defender y nutrir tu legado. Te deliramos con Bolívar: no hay sepulcro para ti, eres más poderoso para la muerte. Te deliramos con Manuela, porque si vivo te amamos, ahora te veneramos gigante.

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