Premio Nobel de la OTAN (Tercera Parte y Final)

Siria: la inoculación del terror como estrategia

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La noticia más importante del 2016 fue censurada por las grandes cadenas de noticias. Las tropas Sirias y Rusas lograron la liberación de la segunda ciudad más importante de ese país: Alepo.

La OTAN no asumió directamente la agresión en Siria. La misma, aunque es descrita por medios de comunicación como una guerra civil, se trata en realidad de una guerra imperial, encabezada por la OTAN. Cruzando estrategias empleadas en otros terrenos, los aliados occidentales optaron por inocular células de mercenarios extranjeros que en base a acciones terroristas fueron conquistando regiones en Siria. Grupos que habían servido a la alianza en Libia, de repente aparecieron en Siria como mercenarios.

Como ya hemos demostrado en otros clicks, uno de los artífices de la creación del mal llamado Estado Islámico fue John McCain, presidente del Instituto Internacional Republicano, que se reunió con Abu Bakr al-Bagdadi un mes después de que éste conformara el Daesh, así como también, con representantes del Frente Al Nusra.

En 2012, WikiLeaks difundió un correo electrónico de un técnico de Stratfor o la CIA en las sombras, en el que contaba que asistió a una reunión en diciembre del 2011, en el Pentágono, con oficiales de la OTAN de Francia y Reino Unido. En su misiva, el especialista dice haber conocido que efectivos de esa alianza bélica ya se encontraban sobre el terreno sirio entrenando a las bandas armadas de la oposición.

No es casual que esos dos países figuraran entre los asistentes: Francia, Reino Unido y Estados Unidos anunciaron por todos los medios sus apoyos en armas y logística a los mal llamados “rebeldes” en Siria. Entre los “rebeldes” apoyados estaban los del Frente Al Nusra, una filial local de los antiguos amigos de Al Qaeda, pero que en Siria, los ayudarían a derrocar a Bashar Al Assad.

El año pasado el Diario estadounidense The New York Times, filtró un audio del Secretario de Estado John Kerry, en el que aseguraba que ellos- desde hace tiempo- estaban viendo cómo crecía el Estado Islámico, pero que habían apostado por que les sirviera para derrocar a Bashar al Assad.

El DAESH logró tal control en el terreno que pudo hacerse de la producción de petróleo en todos los pozos petroleros de Siria, y varios de Irak. Sus niveles de producción alcanzaron en algún momentos los dos millones de barriles de petróleo diarios. Las ventas de los hidrocarburos las hacían a través de la frontera con Turquía. El petróleo iba a parar en manos de Israel y famosas trasnacionales petroleras británicas y norteamericanas.

La campaña de terror del DAESH obtuvo la respuesta de Occidente después de la ejecución de ciudadanos norteamericanos y atentados terroristas en países de la OTAN. Sin embargo, bien supieron pactar con la demencia cuando se mostraban terribles crímenes contra la población siria como decapitaciones, limpiezas étnicas y crucifixiones.

Obama anunció, con mucha cautela, que incursionarían nuevamente en Irak y que bombardearían Siria, aclarando que la guerra contra el Daesh no significaba- de ningún modo- apoyar a Bashar Al Assad.

Sin embargo, la lucha antiterrorista de la coalición liderada por EEUU no ofreció resultados realmente efectivos. Se calcula que entre el 2009 y el 2014, los atentados terroristas aumentaron un 150%, cifra que se espera se incremente significativamente cuando se sumen los atentados de 2015 y 2016, y realmente no ha sido de ayuda el hecho de que la OTAN decida ahora contrastar dos tipos de terrorismo: el bueno, que intenta derrocar a Al Assad, y el malo, que le da razón a su existencia, porque engrasa la maquinaria de guerra. De hecho, la OTAN solicitó a Rusia abstenerse de atacar a los rebeldes y centrarse en DAESH.

La colaboración Rusia en el terreno ha significado un cambio dramático en la correlación de fuerzas. La victoria sobre el terrorismo inoculado por los occidentales ya se perfila como un hecho, con la liberación de Alepo.

El 19 de diciembre se realizó una reunión en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, que concluyó con una revelación que da cuenta cómo funcionarios de inteligencia extranjeros fueron capturados en Siria en el bando de los terroristas:

Según indica la pagina web Voltaire, los capturados estaban en un bunker de la OTAN en Alepo, y agregan que “en esta lista aparecen únicamente los oficiales que aceptaron identificarse. Otros prisioneros, que no han querido revelar sus identidades, representan evidentemente a otros Estados implicados en esta guerra de agresión contra la República Árabe Siria.”

América Latina: ¿La próxima víctima?

Proyectos de recuperación de la soberanía como el de Chávez en Venezuela, Cristina Kichner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, Raúl Castro en Cuba y Evo Morales en Bolivia significan, todavía hoy, verdaderos desafíos para el imperialismo en la región.

Citamos a Atilio Borón: “Hasta ahora el único “aliado extra OTAN” latinoamericano había sido la Argentina, que obtuvo ese deshonroso status durante los nefastos años de Menem, luego de participar en la Primera Guerra del Golfo (1991-1992). El status de “aliado extra OTAN” fue creado en 1989 por el Congreso de los Estados Unidos como un mecanismo para robustecer y legitimar sus incesantes aventuras militares con un aura de “consenso multilateral” que en realidad no tienen. Esta incorporación de los aliados extrarregionales de la OTAN es hija de la transformación de las fuerzas armadas de los Estados Unidos desde un ejército preparado para librar guerras en territorios acotados a una legión imperial que, con sus bases militares de distinto tipo (más de mil en todo el planeta), sus fuerzas regulares, sus unidades de “despliegue rápido” y el creciente ejército de “contratistas” (vulgo: mercenarios) necesita estar preparada para intervenir en pocas horas para defender los intereses estadounidenses en cualquier punto caliente del planeta. Con su decisión, Santos se pone al servicio de tan funesto proyecto.”

Argentina perdió su estatus de aliado extra en 2012. Sin embargo, nos llegan preocupantes informaciones desde el país del Sur.

En febrero del año pasado, el Ministro de Defensa del Reino Unido, Michael Fallon, visitó las Islas Malvinas y anunció que el gobierno británico invirtió 120 millones de dólares, para “…modernizar la infraestructura defensiva de las islas”. “la fortaleza de las Islas Malvinas está integrada a la red agresiva de la OTAN” , explica Jorge Kreyness para Resumen latinoamericano. En varias oportunidades, la ex Presidenta Cristina denunció que las Malvinas son la Base militar nuclear de la OTAN en el sur del continente.

El 10 de noviembre del 2016, la embajada de EEUU en Argentina informó que el Gobierno del estado de Georgia, EEUU, anunció que la Guardia Nacional de ese estado actuaría como la operadora del Comando Sur en Argentina. La decisión forma parte del nuevo Programa de Asociación Estatal del Departamento de Defensa.

El  25 de junio del año 2013, el ministro de Defensa colombiano, Juan Carlos Pinzón rubricó en Bélgica un acuerdo de intercambio de información y seguridad con la OTAN.

En el tratado se establece como clasificada toda la información sobre su alcance. En el artículo 2, se expresa que cualquier persona que por alguna razón pueda tener acceso a la información, debe ser investigada y su lealtad y fiabilidad comprobada.

Públicamente se ha dicho que el acuerdo está “dirigido a las misiones de paz, misiones humanitarias, derechos humanos, justicia militar, procesos de transformación y mejoramiento del sector de defensa y seguridad, además de ayudar en la lucha contra el narcotráfico.” Pero la OTAN no se dedica ni a misiones de paz, no entiende de derechos humanos, ni a la lucha contra los narcóticos como lo demostró en Afganistán, país que desde la invasión es el mayor productor de opio en el mundo. Colombia, de hecho, es el mayor productor de cocaína, según reconoció el propio presidente Santos.

El 24 de febrero de 2015, la Procuraduría General de Colombia solicitó que se declarara improcedente el acuerdo firmado entre Colombia y la OTAN porque consideraban que el documento “no define con precisión su finalidad”.

En marzo de 2015, según el histórico de la página web del Comando Aéreo Combate numero 2 de Colombia, los pilotos destacados en ese Comando, en el de Apiay, Malambo, Atlántico y Tolima iniciaron un entrenamiento bajo los protocolos internacionales de la OTAN, con apoyo de la fuerza aérea de los Estados Unidos.

Pocos días después, en una mesa de expertos convocada por el Ministerio de Defensa de Colombia, en la que analizaban el escenario posconflicto toda vez que ya estaban adelantadas las conversaciones de paz con las FARC, Mary Beth Long exsubsecretaria de Defensa de los Estados Unidos, reveló que los militares colombianos se preparan para eventuales conflictos con países vecinos, como Venezuela.

En septiembre de ese mismo año, el ejército anunció que Colombia revisa su doctrina militar de cara al posconflicto, con ayuda de Estados Unidos y la Otan.

En junio de ese año, la Corte Constitucional de Colombia suprimió el convenio, argumentando que existieron vicios cuando se aprobó en el Congreso colombiano.

El 1 de febrero del 2016, el segundo comandante de las Fuerzas de la OTAN, general Sir Adrian Bradshaw, visitó guarniciones militares del Ejército Nacional, la Armada y la Fuerza Aérea Colombiana. Durante la visita, el general manifestó que esperaba que “las Fuerzas Armadas de Colombia se conviertan en un aliado internacional de la OTAN”.

En agosto, Colombia participó de los Ejercicios de la OTAN Green Flag East 2016, que se realizaron en Lousiana, Estados Unidos.El objetivo de los ejercicios, era entrenar a las tripulaciones en los protocolos de la OTAN y de las Fuerzas armadas de los Estados Unidos.

El 26 de octubre de 2016 el Senado colombiano aprobó en segundo debate el acuerdo de cooperación y seguridad de información entre Colombia y la OTAN.

En octubre del año pasado, El Comandante de las Fuerzas Armadas Colombianas, Juan Pablo Rodríguez representó a Colombia en la Conferencia de aliados militares de la OTAN en Rumania.

La víspera de navidad, Juan Manuel Santos nos informó de lo siguiente:

Ya es un hecho que la OTAN ingresó a nuestro continente. El papel de esta organización, históricamente, ha sido ser el brazo armado del imperialismo norteamericano. Ese puede ser el tránsito desde los mecanismos no convencionales de guerra hacia la invasión directa y el peligro no es exclusivo para Venezuela sino para el Continente entero. Veamos el mapa del Oriente medio y próximo, veamos África y, sobretodo, veamos el mediterráneo como un espejo.

Esta no puede ser una lucha de Venezuela solamente. Esta tiene que ser una lucha de todo el continente, y el que no se quiera sentir convocado por la liberación, que se sienta convocado por el instinto de sobrevivencia.

El ascenso de Juan Manuel Santos al Premio Nobel de la OTAN

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