Exxon: Un depredador en Mar territorial venezolano

El 6 de marzo ocurrió un evento singular que fue reseñado por The Washington Post. La Casa Blanca emitió una declaración sobre los nuevos proyectos de refinación y fabricación de productos químicos en la región de la costa del territorio estadounidense del Golfo. Lo impresionante es que un párrafo íntegro del pronunciamiento gubernamental coincidió textualmente con un comunicado de prensa de la compañía petrolera ExxonMobil que había sido difundido con menos de una hora de antelación. El descuido dejó expuesto quién maneja el poder en los Estados Unidos.

Según la Revista Forbes, el gabinete de Trump es “más rico de la historia”. Sin incluir la fortuna del propio Presidente ni la de otros funcionarios millonarios ajenos al gabinete, el valor estimado alcanza a por lo menos “4.5 mil millones” de dólares. El tercer puesto de esta colección de élites es Rex Tillerson que pasó de ser Director Ejecutivo de la Exxon Mobil a la jefatura de la política exterior estadounidense desde la Secretaría de Estado.

En los años 90, cuando se intentó privatizar a la industria petrolera venezolana, la trasnacional Exxon Mobil fue una de las más beneficiadas. Se apoderaron de los proyectos de La Ceiba y Cerro Negro. Cuando Hugo Chávez inició la política de Plena Soberanía Petrolera, la Exxon emprendió una campaña de terrorismo judicial. En todos los escenarios judiciales en los que la Exxon desafió a Venezuela, PDVSA salió triunfante. El más reciente fallo del CIADI, emitido el 9 de marzo de este año, reconoce el “apego legal de las autoridades venezolanas en la participación de Exxon en el proyecto Cerro Negro”.

11 días después del fallo del CIADI que resultó desfavorable para la trasnacional, el Canciller de Guyana obtuvo una extensa entrevista con la BBC, en la que desconoce el Acuerdo de Ginebra y resiente- entre otras cosas- que Venezuela no permita la exploración y explotación de petróleo en las aguas en disputa.

Sería ingenuo olvidar que los conflictos con la vecina Guyana han sido incentivados por la Exxon Mobil: desde hace mucho tiempo, la trasnacional pretende marcar el paso de la política exterior venezolana.

Los vínculos de David Granger, Presidente de Guyana, con el sector petrolero son notorios. Seis días después de su investidura como presidente realizó una visita oficial a la Plataforma petrolera de la Exxon Mobil en la zona en reclamación. Posteriormente realizó un misterioso viaje a Estados Unidos. Desde entonces, una tras otra han sucedido las provocaciones contra Venezuela.

Antes de su nombramiento como secretario de Estado, Rex Tillerson había planeado una visita a Guyana para mediados del mes de diciembre del 2016. El encuentro fue suspendido tras el anuncio de su postulación. Lauren Kerr, una portavoz de Exxon Mobil, confirmó a The Washington Post que Tillerson y el Presidente de Guyana se han reunido en el pasado, aunque no reveló detalles sobre las conversaciones.

Para Misión Verdad este hecho confirma que Tillerson: “sigue de cerca las maniobras de la compañía… las cuales no estarían divorciadas de sus objetivos como jefe de la política exterior del Imperio. Es en Latinoamérica donde Exxon Mobil tiene sus inversiones y operaciones más importantes, así como su mayor cantidad de empleados y activos.”

Al asumir la jefatura del Departamento de Estado, Tillerson estaría obligado por ley a no intervenir en asuntos relativos a la Exxon Mobil durante un año. El universo es tan amplio que oficialmente restringiría la actuación de la secretaría de Estado en un tercio del planeta.

El 12 de enero de este año, la petrolera ExxonMobil emitió un comunicado en el que anunció un nuevo hallazgo petrolero en la fachada atlántica del Esequibo reclamada por Venezuela. El acuerdo de Ginebra, suscrito por Guyana y reafirmado en su independencia, les prohíbe dar concesiones en la zona reclamada.

Guyana no tiene regulaciones para las compañías petroleras multinacionales. La industria petrolera define a estos lugares como zonas “fronterizas”, para referir que se tratan de regiones especialmente lucrativas para las compañías extranjeras.

Según The Washington Post, “Los socios extranjeros de Guyana pueden obtener del 60 al 65 por ciento de los beneficios, una proporción mucho mayor de lo que las naciones más establecidas están dispuestas a ofrecer a los inversores”.

Jesse Coleman escribió para The Huffington Post: “El gobierno de Guyana se enfrenta a la perspectiva de regular a una empresa con un margen de beneficio anual 5 veces superior al PIB de Guyana. Guyana se enfrenta a la posibilidad real de sufrir la “maldición de los recursos”, en la que un lugar con abundante riqueza de recursos es saqueado y abandonado por la mala gestión y las prácticas de los depredadores coloniales.”

So pretexto de proteger a Guyana de maldiciones, durante la gestión de Hillary Clinton como Secretaria de Estado se inició un programa denominado “Iniciativa de Gobernabilidad y Capacidad Energética” que tiene como objetivo promover el desarrollo de las industrias de energía a partir de los combustibles fósiles. Ofrecen a nuestros vecinos “supervisión independiente” de la industria del petróleo y el gas. Bajo éste programa, el departamento de Estado brinda a Guyana asesoría para suscribir acuerdos de participación en los beneficios, regulaciones ambientales y desarrollar el cuerpo legislativo que regule la materia. Zamuro cuidando carne.

El 4 de marzo, Jeffe Simon, Gerente General de la Exxon Mobil anunció en Georgetown la inversión de 5 millardos de dólares en los pozos Lisa 1 y 2, ubicados en la zona en reclamación de Venezuela con Guyana. Aspiran obtener 100 mil barriles de petróleo diario a partir del año 2020.

A mediados de este mes, el comisionado de Minas y Geología de Guyana, Newell Dennison, confirmó que Exxon entregó la solicitud de licencia para explotar crudo y gas. Sería la primera vez que Guyana emitiría una licencia de esta naturaleza con el agravante de que actuarían sobre la zona en reclamación. Exxon aspira a iniciar las operaciones en el año 2020. El proyecto implica la perforación de 17 pozos petroleros. Las primeras aproximaciones cuantitativas de los expertos hablan de más de 4 mil millones de barriles recuperables.

Estas condiciones hacen que los hallazgos en la zona en reclamación sean para la Exxon muy preciados, sobretodo si se considera que la petrolera tiene miles de millones de dólares en acuerdos con Moscú, algunos de ellos obstaculizados por las sanciones impuestas por Barack Obama a Rusia.

Trump nunca ha ocultado las razones que lo condujeron a nombrar a Tillerson en el Departamento de Estado. En una cena de gala, junto a más de 147 diplomáticos y embajadores extranjeros, dijo que Rex “ha llevado esta vida encantadora. Va a un país, se lleva el petróleo, va a otro país…Va a ser increíble, y estoy muy orgulloso de él”.

Examinemos algunas prácticas corporativas de la empresa que ilustran mejor la “vida encantadora” del saqueo petrolero:

Un extenso artículo publicado en The New York Times, titulado Oil, cash and corruption reveló la entramada red de corrupción y sobornos de la que participó Exxon Mobil y que involucró a los funcionarios de Kazajistán, para que le dieran acceso a grandes reservas petroleras en carácter de exclusividad.

La Exxon Mobil está siendo investigada por el pago de sobornos para renovar su licencia de arrendamiento de valiosos yacimientos petroleros en Nigeria que suman unos 580 mil barriles de crudo diarios: un tercio de la producción petrolera del país.

En 2011, Tillerson firmó un acuerdo para la extracción de crudo en cinco yacimientos de la región autónoma iraquí de Kurdistán. El contrato viola la legislación iraquí que prohíbe a las empresas tratar directamente con el Kurdistán.

El neoliberalismo es un depredador de la ética y las trasnacionales se cuidan de no dejar huellas. En el esquema de la corrupción, las trasnacionales se procuran de negociadores que sirvan de intermediarios para los negocios turbios. Este mecanismo fue ampliamente analizado por el periodista Ken Silverstein en el libro El secreto Mundo del Petróleo.

El descubrimiento más sensible ha resultado para la sociedad norteamericana no han sido los vicios propios del capitalismo, sino el tema del cambio climático. Una intensa investigación de InsideClimate News demostró que desde hace casi 40 años, Exxon era consciente del cambio climático y pasó décadas financiando la desinformación en torno al tema. El lobby de la Exxon fue tan poderoso que su influencia impidió que Estados Unidos suscribiese el Protocolo de Kyoto para el control de gases de efecto invernadero. Según Green Peace, Exxon ha invertido más de $30 millones en grupos estratégicos (think tanks) que promueven la negación sobre los cambios en el clima.

Un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitido esta semana, advierte que el planeta está experimentando incrementos sin precedentes en las temperaturas globales, así como aumentos del nivel del mar que superan las mediciones anteriores. David Carlson, director de la organización expresó que los cambios en todo el planeta “están desafiando los límites de nuestra comprensión… Ahora realmente estamos en territorio inexplorado”.

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