Estúpido Trump

La revista estadounidense Foreign Policy, publicó el día viernes un informe suscrito por el analista político Max Boot titulado: “Está probado, Donald Trump es demasiado estúpido para ser presidente”. El actual Presidente de los Estados Unidos, indica el articulista, ha tenido “acceso a las mejores instituciones educativas de Estados Unidos… para aprender cosas. Y sin embargo, no parece haber adquirido ni siquiera la información más básica que un estudiante de secundaria debe poseer.”

Para demostrar la estupidez de Trump, acude a distintas anécdotas que ponen de relieve que el mandatario incurre constantemente en imprecisiones históricas y hasta le cuesta ubicarse en las zonas geográficas que visita. En concreto recuerda cuando viajó a los territorios ocupados palestinos para reunirse con las autoridades israelíes y una de las primeras cosas que dijo fue: “Acabamos de venir aquí desde Oriente Medio”.

Trump tampoco ha profundizado mucho en temas de religión, a pesar de que impulsa políticas discriminatorias por razones de fe bajo la premisa de que “el islam nos odia”. Al reunirse con las Iglesias presbiterianas en Nueva York, Trump se jactaba de haber obtenido triunfos comiciales en el seno de la iglesia evangélica. Inmediatamente fue corregido por los pastores a los que preguntó: ¿pero todos ustedes son cristianos?. La pregunta no tendría tanta relevancia si dejamos de lado el hecho de que el propio Trump es presbiteriano. Ya había dejado migas de su compromiso superficial con la religión cuando en agosto del 2015 dijo “la Biblia significa mucho para mi, pero no quiero entrar en detalles”.

Problemas de inteligencia…

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Y es que el propio Trump confiesa que no le gustan los libros. Ni siquiera los artículos extensos. Este apetito ligero por la lectura complica la presentación de los informes de inteligencia que recibe al ocupar tan importante investidura.

Lanzar la bomba no nuclear más destructiva del mundo un Jueves Santo en Afganistán, es demasiado terrorismo. Incluso para el Pentágono.

El blanco del ataque habría sido un complejo de túneles cuya construcción fue financiada por la CIA y que, curiosamente, estarían siendo utilizados por militantes del Daesh. Autoridades afganas ofrecieron información contradictoria sobre el número total de víctimas aunque aseguraron que no fallecieron civiles. El Daesh declaró que ninguno de sus combatientes fue asesinado en aquel ataque.

Trump es un estúpido y lo reconoce. De modo que ha abandonado el poder de fuego para dejarlo en las manos del Pentágono. En el mes de abril expandió el poder de sus generales en las operaciones militares en Siria e Irak. Recientemente delegó competencias similares para Afganistán y ahora pretenden mandar 4000 soldados más.

El buró del periodismo de investigación mantiene una actualización activa de los registros de de los ataques con drones efectuados por EEUU. Ya habíamos acudido a ese registro para analizar a Obama y ahora nos enfocaremos en el 2017 (Cabe aclarar, las cifras que describimos a continuación son un corte HASTA el 20 de junio).

Desde que Trump ocupa el Salón oval, sobre Pakistán se han lanzado 3 ataques en los que asesinaron a 16 personas. En Yemen han confirmado 89 ataques con 119 víctimas fatales. En Afganistán 907 ataques con drones con 506 víctimas mortales y 75 heridos.

La página web airwars lleva registro del número de ataques cometidos por la coalición que lidera EEUU en Siria y en Irak. En el marco de la operación “resolución inherente”, desde que Donald Trump ocupa la Presidencia, se han efectuado mil 457 ataques en Irak. En Siria, unos 3 mil 121. La fuente también contabiliza el número de víctimas en ambos países en el período referido, los muertos ya superan a los 6 mil.

La Casa Blanca ha dejado de informar sobre las tropas estadounidenses en estos dos países con el objetivo de “esconder las realidades de guerra de sus ciudadanos” escribió Micah Zenko de la institución Consejo de Relaciones Exteriores para la Revista Foreign Police.

La estupidez hace a Trump vulnerable a la manipulación de sectores de la ultraderecha reactivos al odio por razones ideológicas, xenófobos y en algunos casos hasta racistas.

El día viernes, el señor Trump realizó un acto junto a la mafia cubanoestadounidense de Miami, que históricamente ha actuado como una cúpula de blindaje al terrorismo al proteger a personajes como Luis Posada Carriles y Orlando Bosh. Trump saludó entre aplausos a los fracasados mercenarios de la invasión a Bahía de Cochinos y parece ignorar que la operación Peter Pan fue coordinada por la CIA, sectores de la Iglesia católica y parte de esa mafia que le aplaudía.

Terminó su acto regalando el bolígrafo con el que firmó su nueva-vieja política anticubana al Senador Marco Rubio, el mismo que mintió al decir que su familia había salido al “exilio” por la supuesta “dictadura cubana”, pero que llegó a EEUU dos años antes del triunfo de la Revolución; el mismo que tergiversó material fotográfico sobre Venezuela en su exposición ante el Congreso para alegar que en nuestro país se atacaba con francotiradores a manifestantes.

Homero-Simpson-Donald-Trump

 

Extraemos dos fragmentos del discurso de Trump sobre “El cambio de política hacia Cuba”:

“Sabemos que es lo mejor para los EEUU tener libertad en nuestro hemisferio, sea Cuba, sea Venezuela…”

…dice Trump dejando claro que muy lejos de la retórica de la “democracia” y la “libertad” lo que prevalece son los intereses de los Estados Unidos y, en consecuencia, de la corporatocracia que lo gobierna.

“El régimen de Castro ha enviado armas a Corea del Norte y ha alimentado el caos en Venezuela”

(De verdad, ante una frase así, si no fuera por lo trágico, resultaría hasta cómico). EEUU es el país que ha emprendido como iniciativa la siembra del caos en Venezuela. Le secundan un conjunto de gobiernos lacayos cuyo único propósito es defender los intereses del país hegemón.

Desde territorio estadounidense operan las páginas web desde las cuales se manipula el mercado cambiario perjudicando severamente la economía de Venezuela.

La administración Trump ha demostrado una lealtad incondicional a la derecha venezolana. Durante su período, varios senadores y congresistas de los Estados Unidos han recibido a políticos opositores venezolanos y hecho lobby para favorecer esa dirigencia que disfraza de “protesta pacífica” la comisión de actos ilícitos y la formación de grupos armados que actúan para sus beneficios y que han sido capaces de encender en llamas a seres humanos por “parecer chavistas”.

 

Es inevitable colocarlos frente al espejo de aquellas organizaciones que han crecido bajo el auspicio de los Estados Unidos, calificados como “luchadores por la libertad” y que posteriormente se han degenerado en grupos terroristas.

Previa investidura de Donald Trump, hubo un par de declaraciones de personajes de su entorno que pudieran ser calificadas como “hostiles” contra Venezuela. Sin embargo, la primera acción concreta ocurrió en febrero, cuando el Departamento del Tesoro impuso sanciones al Vicepresidente de la República Tareck El Aissami.

Tintori trump

Pocos días después, Trump posó con la activista política que reconoció el uso de niños y niñas en el marco de las manifestaciones violentas de la oposición, un hecho denunciado por el Estado venezolano ante la UNICEF y en torno al cual el Departamento de Estado ha guardado un cómplice silencio.

Una resolución del Senado de Estados Unidos, dictada el 28 de febrero, apoyó Luis Almagro en sus pretensiones de conseguir la aplicación de la Carta Democrática Interamericana contra Venezuela. EEUU ha sido la mano que mece la cuna de Almagro.

El 4 de marzo, Estados Unidos calificó negativamente a Venezuela en su Informe “Estrategia Internacional del Control de Narcóticos 2017”, a pesar de que el Estado bolivariano ha incrementado las incautaciones de drogas desde que rompió relaciones con la DEA. Por otra parte, es ya un hecho reconocido que el sistema bancario estadounidense lejos de poner en práctica el sistema de control del lavado de activos provenientes de la producción y tráfico de drogas, se alimenta de ese dinero ilegal.

En marzo, Estados Unidos atacó a Venezuela a través de su Informe sobre Derechos Humanos 2016, elaborado y difundido por el Departamento de Estado, violentando la igualdad jurídica y el respeto soberano entre Estados. Allende, es inmoral que un país que no es capaz de garantizar los derechos humanos de su población, pretenda juzgar la materia en otras naciones.

El 21 de marzo, Nicolás Maduro denunció que el Departamento de Estado coordina con países de la región una intervención que viole la soberanía nacional con la intención de acabar con la Revolución Bolivariana.

6 de abril del 2017, el almirante Kurt Tidd declaró que:

“…la creciente crisis humanitaria en Venezuela podría acabar exigiendo una respuesta a nivel regional”. Las palabras se correspondían al concierto de declaraciones que buscaban orquestar mediáticamente un aval a la agresión que pretendían en el escenario de la OEA contra Venezuela.

El 17 de mayo, Estados Unidos intentó imponer el tema Venezuela en el Consejo de Seguridad de la ONU, fracasó en el intento.

El 18 de mayo, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió sanciones unilaterales y extraterritoriales contra magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, lo que constituye un acto de injerencia inaceptable toda vez que nada autoriza a EEUU a sancionar a un poder público de otro país.

Ese mismo día, en una comparecencia a los medios junto a Santos, Trump dijo que lo que ocurría en Venezuela era una vergüenza para la humanidad. Suponemos que se siente muy orgulloso de que su gobierno invente nuevas guerras y potencie las existentes.

El 2 de junio, el Comando Sur de los EEUU emitió un comunicado en el que informaba que realizaría maniobras militares frente a las costas de Venezuela en las que se encuentran participando 18 países.

El día 4, la agencia Reuters informó que:

“El Gobierno de Donald Trump considera posibles sanciones contra el sector energético de Venezuela, incluida la petrolera estatal PDVSA”.

Según Bloomberg, las sanciones irían contra Citgo. Venezuela, estiman, habría enviado 741 mil barriles de petróleo diarios a EEUU. Sustituir a un proveedor cercano y seguro de petróleo no es una decisión tan sencilla.

El día 14 de junio, el Secretario de Estado, Rex Tillerson, que su Gobierno está trabajando en una “lista muy robusta” de individuos de Venezuela para ampliar las sanciones contra Venezuela. Según EFE, Tillerson subrayó que aunque su gobierno va a seguir “muy implicado” en los esfuerzos regionales para presionar por una solución a la crisis política en Venezuela, “especialmente” en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA), también quiere ser cauto en su gestión del tema.

Trump dejó de lado sus caprichos por gobernar en Estados Unidos y más temprano que tarde le entregó el poder al Pentágono.

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