La Artillería de EEUU contra Venezuela

 

El Secretario de Estado, Rex Tillerson, dijo hace poco:

“Estamos evaluando todas nuestras opciones políticas en cuanto a qué podemos hacer para crear un cambio de condiciones en las que o Maduro decide que no tiene futuro y quiere marcharse por su propia cuenta o podemos devolver los procesos del gobierno a su constitución.”

Sus palabras sugieren acciones militares estadounidenses en contra de la nación bolivariana.

Estados Unidos tiene dos grandes industrias que se retroalimentan: la militar y la de la propaganda. La inmensa estructura de propaganda ha servido para convertir en “Freedom figthers” a terroristas.

Estos aparatos de propaganda no interpretan el sentir de los países agredidos si no que se instauran para convencer a la opinión pública mundial de la necesidad de una guerra (convencional o no) y hasta de una invasión.

Desde hace varios años, la posibilidad del derrocamiento de la Revolución Bolivariana por la vía de una intervención militar ha comenzado a publicitarse a través de petitorios web.

En febrero del 2014, Patricia Poleo difundió en su cuenta Twitter una petición que enlazaba con la página web de la Casa Blanca en la que se solicitaba una intervención internacional en nuestro país.

Patricia Poleo intervención

El sistema de peticiones en línea de la Casa Blanca fue creado durante la administración de Obama y supone que, al alcanzar 100 mil firmantes, la presidencia debe dar una respuesta formal a la petición en 60 días.

En lo que va de 2017, dos peticiones a ese portal han compartido el propósito de que la Casa Blanca se decida por una agresión a Venezuela. Para ello, alegan que nuestro país es un reducto del “terrorismo antiamericano” y concluyen con el numeral #TrumpInvadeVenezuela. Ninguna de estas peticiones ha logrado alcanzar el número necesario de firmas.

Una encuesta realizada en mayo de este año indicó que el 89% de los venezolanos rechaza una intervención militar extranjera. Pero quizá la manifestación de voluntad más clara se observó el 30 de Julio cuando más de 8 millones 89 mil 320 venezolanos salieron a votar a pesar de las acciones violentas y terroristas de grupos auspiciados por el Gobierno de Estados Unidos. El grito soberano nuestro pueblo rechazando las pretensiones de EEUU de imponer una guerra, es invisibilizado por los grandes medios.

Maquinaria de desinformación

Para analizar cuál sería la percepción que se formaría un lector no informado sobre la situación de Venezuela a partir de la lectura de The New York Times, The Washington Post, CNN, Fox, The Wall Street Journal y el canadiense CBC, elegimos de modo arbitrario 10 artículos sobre Venezuela.

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De las lecturas escogidas extrajimos 23 referencias a una supuesta dictadura en nuestro país con distintas figuras discursivas que iban desde la calificación de una “democracia erosionada” hasta su muerte por “estrangulación”.

10 referencias a una “crisis humanitaria” o “hambruna” en Venezuela. En ninguna de las lecturas encontramos menciones a un hecho significativo sobre este particular, y es que hace pocas semanas la oposición convocó a sus seguidores a acumular comida alertando sobre sus propósitos de bloquear la distribución de alimentos en el país, lo que sería un contrasentido en una crisis humanitaria o, cuando menos, un crimen de guerra.

Hallamos 12 insinuaciones sobre la comisión de diversos delitos por parte de funcionarios: secuestro, narcotráfico, venta ilegal de armas; en ninguno de los casos remiten a pruebas que demuestren las acusaciones.

16 menciones a represión o violaciones de derechos humanos: todos omitieron datos sobre la quema de personas vivas por razones políticas o raciales a cargo de opositores fanáticos, ninguno profundizó sobre las circunstancias de las muertes de las víctimas, ni mencionaron los crímenes cometidos por la oposición durante más de 100 días.

Maduro es un dictador porque nos da la gana

Aunque nos resultan ofensivas las descripciones despectivas en torno a la conformación proletaria de la Asamblea Nacional Constituyente, para efectos de nuestro análisis nos centraremos en la justificación de la violencia armada contra Venezuela. Escogimos varios ejemplos.

Según The New York Times, Maduro es un dictador porque, teniendo las mayores reservas de petróleo del mundo, “decidió imitar a su predecesor Hugo Chávez” y mantiene un “gasto público pródigo”.

En otra nota, el mismo medio, describe de la siguiente manera el atentado terrorista cometido por la oposición el 30 de Julio en Altamira contra una patrulla de la PNB:

“En redes sociales circuló un video que mostraba a una caravana de uniformados que se dirigían hacia el fuego.”

NYT
Captura de la interpretación de NYT sobre el atentado terrorista en Caracas el 30 de julio del 2017

 

Mary Anastasia O’Grady, para The Wall Street Journal escribió que

“los líderes de la oposición en Caracas todavía están tratando de usar medios pacíficos para destituir al señor Maduro.”

Al parecer ella cree que los proyectiles que disparan son flores y la gasolina perfume.

La Fox News es tribunal y dicta condena a los guardias nacionales que “derramaron fuego vivo” sobre personas “desarmadas” el 30 de Julio. Los jueces olvidaron indicar que el paramilitarismo fascista impidió la movilización de los votantes en varios municipios, obligando al pueblo a cruzar ríos y montañas para poder ejercer su derecho al sufragio, al punto de que el CNE ha tenido que reconvocar a elecciones en dos municipios.

En una entrevista con el Miami Herald, Marco Rubio enaltecía la designación de John Kelly como Jefe de Gabinete de Trump, porque “entiende a Venezuela mejor que cualquiera en la administración”. ¿No debería empezar por entender a EEUU? Mientras la oposición de a pie, peca de ingenua al adoptar al senador como un aliado, Rubio es financiado por corporaciones armadas, fondos israelíes y compañías petroleras” como ExxonMobil: de allí su interés por propiciar un conflicto armado en Venezuela.

Enaltecer a distancia, es enaltecer menos

El fin de semana, se ejecutó un ataque mercenario contra la 41 Brigada blindada del ejército bolivariano, que fue calificada como una “operación propagandística” por parte del Ministerio del Poder Popular para la Defensa.

“La operación terrorista incluyó la difusión de un video grabado por un oficial subalterno que hace tres años fue separado de la institución por traición a la Patria y rebelión, el cual huyó del país y recibió protección en Miami, Estados Unidos.”

No resultó sorprendente que el primer funcionario estadounidense en pronunciarse sobre el tema fuera Marco Rubio. Según informó el Presidente Maduro, la operación fue financiada desde Miami y Colombia.

En la redacción del portal español ABC se evidenció una crisis neurótica, otorgando primera plana digital a una aventura de diez hombres irresponsables y obnubilados por el patológico travestismo militar de la oposición.

“Estalla alzamiento militar en Valencia, la segunda ciudad de Venezuela”, “Chavismo da por sofocado alzamiento militar contra Maduro” y “El chavismo sofoca una rebelión militar de a penas 20 hombres” fueron algunos de los titulares que ABC le dio a una sola nota web para narrar la historia de un grupo- conformado por nueve civiles y un teniente desertor– que ingresó en Paramacay para hurtar armamento.

Del mismo modo, la británica Reuters y la estadounidense CNN, trataron de disfrazar con ciencias de la guerra una agresión improvisada por civiles a los que suelen describir como “manifestantes pacíficos”.

Todos enfatizaban en sus notas la “legítima rebeldía” que alegó el cabecilla que reivindicó la acción. Nos preguntamos: si una agresión similar tuviera lugar contra la corona española, la británica o el gobierno de los EEUU, la reivindicación de la misma ¿se habría exhibido en términos de “legitimidad”?. No imagino al ABC calificando de “legítima” una operación equivalente de ETA, por ejemplo.

Reseña Misión Verdad:

“Distintos analistas internacionales y tanques de pensamiento conectados con los centros de poder hegemónicos de Estados Unidos y Europa, como el International Crisis Group y David Smilde (columnista del New York Times) han venido dándole forma y legitimidad a un posible conflicto armado gestionado por actores locales y externos a Venezuela, sumamente interesados en la destrucción del país como vía expedita para el saqueo de las corporaciones.”

No todo el público está bajo la hipnosis de los sedientos de la guerra. Un artículo de David William Pear, publicado por Global Research, alerta que:

La mayoría en “Estados Unidos no puede ver el bosque por los árboles de propaganda que confunden al público sobre lo que está detrás del caos en Venezuela. Principalmente lo que está detrás es EEUU. La financiación de millones de dólares a los partidos políticos de los oligarcas. Sin ese dinero los partidos políticos estarían más divididos de lo que ya están y más débiles… De modo encubierto, la CIA y el ejército estadounidense continúan, hasta el día de hoy, tratando de socavar la democracia en Venezuela.”

El (D)efecto Reagan

Stavridis

Ya hemos demostrado en trabajos anteriores que, desde su creación la CIA ha contado con un staff de periodistas que justifican sus operaciones. También que, desde la invasión a Irak, el Pentágono ha contado con un amplio repertorio de militares retirados devenidos en analistas de TV que sirven para justificar agresiones imperiales contra los pueblos.

Estamos comenzando a observar esa estrategia aplicada contra Venezuela.

Para muestra el botón del Almirante retirado James Stavridis, que funge como asesor de la Casa Blanca. Su prontuario fue robustecido cuando ejerció como Jefe del Comando Sur, luego Comandante Supremo Aliado de la OTAN y Jefe del Mando Europeo de Estados Unidos- cuando destrozaron a Libia e iniciaron las operaciones secretas de EEUU en Siria a comienzos de ésta década-.

Entrevistado por Hugh Hewitt, predijo una guerra civil en Venezuela y una oleada de refugiados arrojándose al mar Caribe. Se inclinó por una intervención indirecta:

“Sería mejor que trabajáramos de cerca con la Organización de Estados Americanos (OEA), y particularmente con los vecinos de Venezuela, Brasil y Colombia, quienes tienen una capacidad militar significativa.”

Aseguró que el papel del Comando Sur va a ser encargarse de las oleadas de refugiados en el mar.

WhatsApp Image 2017-08-10 at 18.10.10.jpegA los pocos días, en el mismo espacio fue entrevistado el asesor de seguridad nacional de Trump, el Teniente General HR McMaster. Interrogado sobre la opinión del almirante, señaló estar de acuerdo con Stavridis. Tampoco apuesta por una intervención militar directa considerando el historial injerencista de Estados Unidos en nuestra región. Destacó que EEUU debía trabajar junto a sus socios para “proteger los derechos de los venezolanos”. (No, gracias Mr Danger).

 

Insistió en tachar como “dictador” al presidente Maduro, una osadía que ya había cometido frente a los micrófonos de la Casa Blanca. Fotografías demuestran los vínculos de Julio Borges con este alto funcionario. Según denuncia el Viceministro de Relaciones exteriores para América del Norte, Samuel Moncada, el jefe de Primero justicia habría solicitado en esa reunión una intervención militar.

Volviendo a la entrevista, mientras McMaster describía a “grupos de matones” al servicio de Maduro, las imágenes que se mostraban eran las de los grupos violentos de oposición auspiciados por el gobierno de los Estados Unidos. Se derrumba una vez más el mito de los “colectivos” revolucionarios violentos, porque las únicas imágenes que tienen para demostrar, son las acciones terroristas de la oposición.

Para los que no quieran aburrirse con el General estadounidense, acá traemos algunas de las imágenes que pueden observar en el audiovisual a partir del minuto 4:09.

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Otro artículo publicado en Global Research escrito por Paul Street, señalaba que:

“Estados Unidos está en la extrema necesidad de un movimiento revolucionario que debe exigir entre otras cosas una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución de los Estados Unidos consistente con el ideal y la práctica de la última pesadilla de los Fundadores estadounidenses -la soberanía popular.”

Se rescata así, en el seno del pueblo estadounidense, el ejemplo de construcción de democracia venezolana.

 

 

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