EEUU apoya a dictaduras y Trump está loco, dicen los expertos

En 1952, el periodista estadounidense Garet Garrett escribía:

“El Imperio Romano nunca dudó de que fuera el defensor de la civilización. Sus buenas intenciones eran la paz, la ley y el orden. El imperio español agregó la salvación. El Imperio Británico añadió el noble mito de la carga del hombre blanco. Hemos añadido libertad y democracia.”

Después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos inició una cruzada de apoyo a regímenes autoritarios para atacar al comunismo, los movimientos socialistas e incluso socialdemócratas del mundo.

Se establecieron doctrinas que determinaron el curso de la política exterior de la nación del Norte durante décadas. Pudiéramos mencionar, sólo para ilustrar, la Doctrina Kirkpatrick, que justificaba el apoyo estadounidense a regímenes o movimientos autoritarios y anticomunistas. Bajo esta cúpula se forjaron grupos armados muy violentos como el muyahidín en Afganistán o la contra nicaragüense.

Estados Unidos apoya casi el 80% de las dictaduras en el mundo

Adam Zyglis
Caricatura de Adam Zyglis

En programas previos, hemos hablado de la ONG ni tan libre denominada Freedom House. Según su reporte financiero del año 2016, el más grande financista de esta organización -supuestamente no gubernamental- es el Gobierno de los Estados Unidos que le provee del 86% de los ingresos. Se definen  como una ONG que vigila “la expansión de la libertad y la democracia en todo el mundo”.

El abogado y escritor Rich Whitney, utilizó el sistema de clasificación de los derechos políticos de Freedom House del año 2015, para compararlos con la provisión de asistencia militar y venta de armas de Estados Unidos a otra naciones. Así concluyó que Estados Unidos colabora con el 73% de las dictaduras en el mundo.

En el listado se clasifica a países como Rusia, Cuba, Irán o Siria de “dictaduras”. Sin embargo, se considera como “sociedad libre” a Israel aunque ha institucionalizado un sistema de violación de derechos humanos en los territorios ocupados. En el 2016, por ejemplo, Freedom House catalogó como “no libre” a Venezuela, instándola a convocar a elecciones, a pesar de que en nuestro país se realizan sufragios con singular frecuencia.

¿Podemos considerar a Freedom House una fuente potable? No: su parcialidad constituye una vulnerabilidad clara en el análisis.

Sin embargo, esta debilidad hace el panorama mucho más condenatorio para Estados Unidos que es su principal financista y el que impone también la visión de la ONG sobre la democracia. Según Whitney Weeb de Mint Press News:

“Si se restara de la lista a países como Irán, Siria y Rusia, el apoyo por parte de EEUU a países dictatoriales aumentaría al 78%.”

Para Weeb, “la “promoción de la democracia” nunca fue la verdadera intención, sino el disfraz de enmascarar la conquista imperial de las naciones que se negaron a aceptar las demandas del gobierno de Estados Unidos.”

Stephen M. Walt, profesor de Harvard, publicó el año pasado un artículo en el portal Foreign Policy titulado: “¿Por qué Estados Unidos es tan malo para promover la democracia en otros países?” en el que alertaba que los esfuerzos de “promoción de la democracia” de Estados Unidos terminan en fracaso. Destacaba lo obvio:

“a la mayoría de la gente no les gusta seguir las órdenes de ocupantes extranjeros bien armados.”

Narciso en el espejo de Washington

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Caricatura de autor desconocido. Tomado de Surreality Dreamer

Los estadounidenses aún están indecisos si califican a la administración Trump como corrosiva para la democracia o como una dictadura. En el Salón Oval hoy se sienta un hombre que ha justificado la tortura a los prisioneros y que prometió traer de regreso el ahogamiento simulado.

Lo cierto es que la población ya empieza a sufrir la elección que los colegios electorales realizaron en nombre de los estadounidenses en noviembre del 2016.

Psicoterapeutas de Estados Unidos escribieron esta semana una carta abierta titulada “¿cómo Donald Trump y sus partidarios están causando traumas en los estadounidenses?”:

“Como profesionales de la salud mental, nos preocupa el ambiente de deshonestidad desenfrenada, el desprecio diario por las normas civiles y sociales y las amenazas a los pueblos vulnerables.”

Destacan, entre las denuncias, las constantes expresiones de odio, racismo y xenofobia en el discurso del Presidente.

En otra experiencia, un grupo de 27 psiquiatras y profesionales de la salud mental que evaluaron al presidente, han reunido sus trabajos para conformar un libro. La edición en línea de Newsweek publicó esta semana extractos de algunos de estos ensayos. Nosotros, por razones de tiempo resumiremos dos de los diagnósticos.

Según el Dr. Lance Dodes, “las características sociópatas de Trump son innegables y constituyen un peligro para Estados Unidos” porque “la paranoia de la sociopatía severa crea un profundo riesgo de guerra”. Así mismo, alerta que “la necesidad ser reconocido como superior y la falta de empatía o remordimiento por dañar a otras personas… son… características propias de los tiranos”.

El doctor Philip Zimbardo- que hemos citado en otro click por su famoso experimento de la Prisión de Stanford– observa en Trump su “propensión a deshumanizar a otros para sentirse” superior. Abre la posibilidad de que Trump padezca del “trastorno de la personalidad narcisista”.

El científico explicó que, después de ver grabaciones del Presidente en distintas entrevistas ofrecidas desde la década de los 80, no descartaría la posibilidad de que sufra un “trastorno neurológico como la demencia o la enfermedad de Alzheimer”.

Zimbardo concluye:

“Creemos que Trump es el hombre más peligroso del mundo, un poderoso líder al mando de una nación poderosa que puede ordenar atacar con misiles a otra porque él (o un miembro de la familia) sienten angustia personal al ver escenas tristes de personas que han sido gaseadas hasta la muerte”, haciendo referencia a la operación militar que el Presidente ordenó contra Siria tras el ataque químico en Idlib.

Aunque agresión bélica de Trump se justificó apelando a la sensibilidad frente a una tragedia, la administración ha radicalizado las operaciones militares estadounidenses incrementando exponencialmente las bajas civiles en distintos frente de guerra como Yemen, Irak, Siria o Afganistán. Sin indicios de arrepentimiento, los frecuentes asesinatos de inocentes, frente a la opinión pública, son conceptuados como “errores”.

Que sólo declare guerras en países imaginarios

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Tomado de Newsweek

Un presidente con estas características es hoy el Jefe de Estado de la nación más poderosa que establece relaciones estrechas con regímenes dictatoriales.

En el foro más importante de la Comunidad Internacional, la Asamblea General de la ONU, Trump estableció como amenazas equiparables la fabricación de armas nucleares con el socialismo de Cuba o de Venezuela.

Esta misma semana, ante líderes africanos, Trump se inventó una nueva nación, Nambia, y también rebautizó A Mariano Rajoy como Marianora Joy. No se trata de hacer burlas de las posibles patologías del Presidente de los Estados Unidos. Una persona vulnerable, desde el punto de vista psicológico, pudiera estar siendo manipulada para abrir nuevos frentes de guerra. Es imprescindible alertar a tiempo toda vez que Trump considera la posibilidad de una intervención militar contra nuestro país.

El día domingo, a través de su cuenta Twitter, el magnate Donald Trump promocionó la emisión de una nueva orden ejecutiva que impone un veto migratorio contra los ciudadanos de Irán, Somalia, Libia, Yemen, Siria, Corea del Norte, Venezuela y Chad.

Esta política, profundamente xenófoba y racista, ha sido justificada por el Presidente estigmatizando a los ciudadanos de los mencionados países como potenciales terroristas. La orden ejecutiva anterior, condenaba a ciudadanos del mundo por sus creencias religiosas. Ahora, para atacar a Venezuela, es ampliada hacia lo político. No somos musulmanes. Somos chavistas.

Martin Niemöller es el autor de un famoso poema erróneamente atribuido a Bertolt Brecht:

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

 

 

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